viernes, mayo 25, 2007

Desandar lo mal andado



Don Guille quiso recuperar todas sus pisadas y sus miradas para ella. Sus pasos aquellos que lo llevaron a ningún sitio. Sus miradas que le mostraron cosas sin importancia, banales, frías, indiferentes.

Se arrepintió de no haber pisado más orillas y territorios nuevos, de haber bailado más seguido con Magda, su compañera. Sopesó todas aquellas miradas fugaces y perversas que les brindó a mujeres totalmente extrañas, irresistibles, lejanas, ajenas.

Pensó en el kilometraje de pasos en falso y miradas con el ojo rojo. Voyeristas. Pasos zigzaguentes e inmorales. Las miles de veces que clavó su pupila en otras. Los pasos que lo alejaron de su amada, su mujer, su alma gemela.


Don Guille miraba el techo y ahí quería mirar por siempre, aquella esquina donde la araña tejía su tela. Donde el foquito de 25 watts agonizaba tanto como él. Magdita lo miraba desde un cuadrito de plaqué en una foto en sepia. Con esa su única mirada. Mágica noche estrellada. Es más Don Guille ya no quería mirar nada, ni caminar ni un paso más. Quería cerrar los ojos y dormir volando. Desandar lo mal andado. Desmirar lo mal mirado. Deshablar lo mal hablado. Desamar lo mal amado.